reporte 41
Una abuela que compra un mate fino y un poco de azúcar. Hacia tanto tiempo que su paladar le pedía de manera obsesiva la hierba. La hierba del despacho era de muy mal sabor, pera la del pueblo era fina y aromática a 40 centavos pero con dinero constante y sonante, la del despacho costaba el doble pero lo cancelaban con fichas además estaba prohibido comprar fuera del despacho. Paso varios meses ahorrando centavo tras centavo, ahorrando de lo que le daba su único nieto.
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