El viejo le suplicaba que no lo hiciera y los campesinos miraban la escena con piedad.
La mano supuestamente pegada se despego sin dificultad pero la gente lo atribuyo a un milagro.
A continuación Don Simón lo castigo con prohibirle que volviera nuevamente por esas tierras y lo golpeo con su rebenque y ordeno a sus hombres que le ataran sus brazos a un madero puesto sobre sus hombros y lo dejaran ir. Luego Don simón preguntó a su mayordomo si el comprador de unas vacas suyas se había dado cuenta si los animales eran de inferior calidad a lo pactado y este le dijo que no.
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