A los 10 minutos sonó la campana, todos los que salían no podían hablar por la terrible tos que les produjo el ají.
Pasaron los día, semanas, meses pero les fue imposible continuar los trabajos, además el techo de las galerías sin apuntalar se vinieron abajo entrando el mar. Seis meses después la famosa mina de Playa Negra era solo un pozo”.
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